La piedra septaria es una concreción tricolor compuesta por múltiples minerales. Las concreciones son cuerpos cementados de sedimentos que se encuentran en las piedras preciosas sedimentarias. En otras palabras, son hermosas bolas de barro endurecido.
Los tres colores más comunes de la septaria son el marrón (de aragonito), el amarillo (de calcita) y el gris (de caliza). A menudo se lo llama ágata septariana o jaspe septariano. Sin embargo, no es ni lo uno ni lo otro. Tanto el ágata como el jaspe son minerales; la septaria es una roca.
En cuanto a sus propiedades energéticas calma las emociones y ayuda a mejorar la comunicación con los demás. Es una piedra que ha acumulado gradualmente la historia de varios milenios y, por lo tanto, está relacionada con el origen del mundo. Esta característica nos permite usar esta piedra para estar en sintonía con el mundo y recordar la acumulación de nuestras diferentes vidas pasadas, por lo que se usa mucho para la meditación. Esta piedra proporciona una suave acción energética en la mente que ayuda a evitar una situación de bloqueo y ofrece un nuevo comienzo espiritual.
Este fuerte vínculo que une la piedra septaria a la tierra nos permite luchar contra los recuerdos que deseamos olvidar, pero que permanecen anclados en nuestras memorias. Es una roca que ofrece la posibilidad de observar el mundo desde arriba y así elevar los pensamientos mientras se permanece aferrado al suelo que nos ha permitido crecer. Esta apertura también se ve favorecida por el vínculo real entre el plexo solar y las venas amarillentas que componen la piedra. Gracias a ello, la voluntad de intercambiar, de comunicar, pero también de expresarse, aumenta enormemente. La fuerza energética proporcionada por la piedra septaria permite una mejor autoestima, pero también una mejora de la confianza en sí mismo. Es importante ser consciente del control emocional que esta piedra nos ofrece para eliminar nuestros bloqueos y transformar nuestros miedos en energía.










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