Es protectora y ha sido usada para hacer amuletos desde tiempos inmemoriales. Fomenta la sintonía espiritual y potencia la comunicación con los mundos físico y espiritual. Puesta sobre el tercer ojo, potencia la intuición y la meditación. Sobre el chacra laríngeo, libera antiguos votos, inhibiciones y prohibiciones y permite que el alma vuelva a expresarse.
La turquesa es una piedra de purificación. Disipa las energías negativas y limpia la bruma electromagnética, proporcionando protección contra la polución del medio ambiente. Equilibra y alinea todos los chacras con los cuerpos sutiles y sintoniza el nivel físico con el espiritual. Según el pensamiento tradicional, la turquesa une la tierra y el cielo, unificando las energías masculinas y femeninas.
Esta piedra es empática y equilibradora. Promueve la autorrealización, ayuda a resolver problemas creativamente y calma los nervios cuando uno tiene que hablar en público. Psicológicamente, la turquesa es una piedra que fortalece.




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