Obra capital de Basilio Valentín que es toda una revelación de las posibilidades de la Alquimia; pues muestra cómo por una penetración meditativa en la esencia o arquetipo de las cosas, pueden descubrirse sus virtudes inherentes, y el modo de manifestarlas útilmente en la práctica del laboratorio. Así descubrió este adepto las propiedades del Antimonio, con preparaciones que hoy día pueden seguir haciéndose a partir de esta obra, para obtener preparados espagírico-medicinales.
Yo, hermano Basilio Valentín, monje profeso de la orden de San Benito, te propongo desde el principio amigo lector, una breve advertencia concerniente a lo que debe conocer previamente el espagirista que busque con escrúpulos el verdadero Arte. Así el espagirista que desee poseer de manera muy segura este Arte hermético, considere esto con mucha profundidad y una muy alta inteligencia. En efecto, si lo que voy a exponerle fuera menospreciado, obraría muy ciertamente en vano, porque estas cosas deben ser observadas como sigue.
Antes de entrar más profundamente en la materia contenida en este libro, he encontrado necesario advertir al lector, de los puntos principales que un verdadero espagirista temeroso de Dios, debe observar exactamente y sobre los cuales debe establecer el fundamento de su Arte, a fin de que el edificio no se agite por la furia de las tempestades. Porque yo, puesto que soy monje, tengo eso por altamente necesario -y por otra parte eso continuará siendo sin duda por largo tiempo muy necesario- a fin de que cuando yo y tú, ya sea Heinz o Sunz, Hansel o Hans, seamos suprimidos de la vista de los hombres dejemos una memoria honorable en honor de Dios, para que Su Majestad divina sea alabada y que por una preparación adecuada nos preparemos para el viaje. Pero el estado de mi orden requiere un espíritu del todo diferente al de otras personas seculares.
En esta consideración he encontrado cinco cosas principales que todos los verdaderos filósofos y amantes de las ciencias deben observar.
-La primera es la invocación de la esencia divina.
-La segunda es la contemplación de la esencia de las cosas.
-La tercera es la verdadera y sincera preparación de la esencia.
-La cuarta es el método de servirse de ella.
-La quinta es la utilidad que proviene de ella.
Es preciso que un verdadero químico y verdadero alquimista considere estos cinco puntos y los conozca perfectamente. Porque sin éstos no puede ser perfecto y no puede adquirir nunca la gloria de un verdadero espagírico.
Discurramos en particular estas cosas para producir una obra en general perfecta y útil a todos.






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